viernes, 21 de enero de 2011

REFLEXIÓN

   Para finalizar el cuatrimestre, Irune nos dijo que debíamos subir al blog una reflexión sobre lo que hemos aprendido en la asignatura de Habilidades de Expresión Oral y Escrita (HCOE). 
    Pues bien, haciendo un balance de las cosas que he escrito durante el curso, puedo decir que he aprendido a abreviar y concretar sobre lo que verdaderamente quiero decir, porque tenía tendencia a enredarme en detalles y decorar demasiado lo que escribía, de forma que perdía el hilo del tema principal. 
   En la parte de expresión escrita, he comprobado que es muy importante la colocación de las comas (¡sé que debería saberlo pero escribía de la misma forma que hablaba, es decir, sin pausas!) y que debo estar atenta a las expresiones "ya que", "lo cual"... ya que (ji,ji,ji...) no son adecuadas <<porque no son adecuadas>>. Aunque todavía me falta conocer normas para la correcta colocación de las comas.
   He aprendido a relajarme a la hora de exponer cara al público e intentar controlar mis nervios cuando quieren manifestarse. Debo reconocer que, en ocasiones, el "lexatín" me ha salvado la vida pero, en general, si la situación me ha superado he conseguido desarrollar el tema sin hacer caso a las pautas que, anteriormente, me había preparado.
   Con respecto a la comprensión oral y escrita, no he tenido mucho problema porque suelo estar bastante interesada en lo que cuentan los demás. Tengo tendencia a asentir con la cabeza (a veces demasiado) y a mostrarme cercana. ¡Hombre, si me viese desde fuera probablemente me diría que puedo mejorar! Pero como no tengo esa capacidad... Creo que me desenvuelvo bien. Lo que he aprendido en esta parte, es que existen multitud de factores que se hacen visibles, por parte del oyente hacia el que expone, y que son muy importantes para el mensaje que se transmite entre ambos: si manifiestas atención, si haces afirmaciones cuando te sientes identificado, si preguntas...
  También he descubierto que, con la práctica, se puede mejorar la forma de expresión. Pensaba que era malísima escribiendo pero he comprobado, a través de los trabajos que he publicado en el blog, que no soy tan desastrosa y que, con esfuerzo y perseverancia, todo se aprende.
  Ahora, me da mucha penita no publicar más trabajos y dejar de lado el blog para ocuparme de las nuevas asignaturas. He disfrutado mucho decorándolo, subiendo textos y buscándo fotos para dejarlo bonito. Me hubiese gustado dedicarle más tiempo y haber llevado a cabo todas las ideas que tenía para el blog. Pero, en general, estoy contenta porque es la única asignatura del curso que ha exprimido un poco mi imaginación, ¡que la pobre andaba ya algo dormida!.


 

domingo, 2 de enero de 2011

Instrucciones para comer una hamburguesa


   Lo primero que hay que hacer es entrar en un restaurante, esperar a que te den mesa y, una vez sentados, abrir la carta.
   Después de haber realizado este sencillo paso, hay que tener en cuenta el tipo de hamburguesa que vamos a pedir: si lleva doble de carne, queso fundido, tomate o salsas especiales... Es importante saber que el tomate juega un papel decisivo a la hora de comer, porque contiene mucho jugo y chorrea rápidamente.
   Cuando hayamos decidido bien qué es lo que nos apetece y cuánto estamos dispuestos a comer, procedemos a llamar al camarero y pedir lo que hemos elegido. Nunca debemos olvidar mirar bien si tenemos cubiertos (para los mas sibaritas) o suficientes servilletas, porque vamos a necesitarlos.
   Una vez disponemos de las servilletas y la hamburguesa esta en la mesa, pasamos a destaparla para echarle la salsa. En esta etapa, debemos saber que existen dos formas de untarla:


     1- PARA LOS MAS TORPES:

   Consiste en quitar la rebanada de arriba y untar la salsa deseada. No se debe volver a tapar sin cambiar, antes de sitio, el tomate por la lechuga. Si éste entrase en contacto con la salsa, estamos definitivaente perdidos.


     2- PARA LOS QUE NO QUIEREN PROBLEMAS (a la hora de comer):

    Damos, con cuidado, la vuelta a la hamburguesa y levantamos la rebanada que corresponde a la parte inferior. Ésta es la mas idónea para ser untada porque no contiene elementos que intensifiquen su goteo (el tomate) o que hagan que se desmorone (la lechuga).
    Es muy importante saber que, a la hora de tapar la hamburguesa, no debemos coger la parte superior de la misma debido a que posee todo el contenido. Tenemos que proceder a taparla con la rebanada que hemos quitado y, posteriormente, darla la vuelta cogiéndola con la dos manos. Esta es la única fase del proceso que requiere MUCHA DELICADEZA.
    El último paso que nos queda para comer con total comodidad, consiste en coger una de las servilletas que, anteriormente, hemos preparado y envolver con cuidado una mitad de la hamburguesa. Esa será la parte que agarraremos con fuerza (NOTA: calcule la fuerza para no romperla), dejando que la punta de los dedos sugete la mitad que queda descubierta.
   ¡YA PODEMOS COMENZAR A COMER NUESTRA HAMBURGUESA! Según vayamos avanzando, retiraremos la servilleta. RECUERDE: Nunca la retire entera, contiene toda la salsa que gotea.



   Debemos tener bien claro, desde el principio, que NOSOTROS nos comeremos la hamburguesa, NO será ella la que nos coma. 

  Y para los que se les resiste....

 

jueves, 30 de diciembre de 2010

Historia de un armario


  El texto de "Historia de un armario" habla de los cambios que se han realizado en la educación, de que el sistema sigue sin funcionar, y plantea la pregunta: ¿Qué es lo que queda por cambiar?
  Siempre se ha hablado del fracaso escolar y de la falta de didácticas para mejorar la calidad de la enseñanza pero, en realidad, esos cambios sí se han producido y seguimos debatiendo qué es lo que está fallando en el sistema.
  Quizá uno de los problemas se encuentra en los cambios políticos, con su particular organización educativa. Una posible solución podría ser que ambos, de forma objetiva, crearan un sistema en común donde los cambios se produjeran de acuerdo con los resultados.
  Probablemente podría deberse, también, a la mentalidad de que la escuela y la familia son organizaciones distintas, incluso enfrentadas. Para los profesores, a veces, los padres son unos inexpertos en educación; y para los padres, los profesores no entienden a sus hijos. Si ambos estuviesen mas unidos y se comprendiesen, a lo mejor, sería mas sencillo encontrar la forma de proporcionar a los niños una buena educación.
 Pienso que, en realidad, es muy difícil encontrar un problema concreto y una solución mágica que lo arregle todo, ya que, el sistema educativo, se encontrará con multitud de problemas a lo largo del tiempo debido a los cambios que se producen continuamente. Por ello, creo que lo mejor es tener la actitud de mejorar y adaptarse a lo nuevo, aprender de los errores y cambiar aquello que no esté bien hecho.

  

¿Quien soy?

   Nací en Springfield y mi pelo rubio alocado trajo de cabeza a todos y a todas. Mi primer nombre es Will, en honor a mi padre del que heredé unos labios carnosos y sexys. De joven fuí muy delgado pero, con los años, trabajé mi cuerpo y ahora dicen que estoy muy bien dotado. Mi carácter ligón me llevó a compartir con Gwineth Paltrow algo más que el color de los ojos. Sin embargo, fué Lara Croft la que me robó el corazón.


Mi cama

     Hace tiempo, mis padres se hicieron, con mucho cariño y dedicación, una casa.
    Decidieron que, aunque tardasen varios años, la decorarían con aquellas cosas que mas les gustaran, daba igual lo que costara. Para mi habitación, mi madre pensó que sería estupendo hacer un armario de madera y cristal, con visillos por detrás. Y que quedaría perfecta si comprásemos una cama de forja antigua y la consiguiésemos restaurar.
    Ahorraron unos meses, y un domingo nos levantamos temprano y fuimos, de cabeza, al rastro. Dimos muchas vueltas hasta que, por fin, dimos con la cama perfecta. A las pocas semanas la teníamos en casa y, en cuestión de días, ya le podía poner las sábanas. ¡Era preciosa! Tenía unos hierros muy altos y cuatro bolas doradas.
    Pasaron varios meses hasta que empecé a notar cosas raras. Al principio eran pesadillas donde la gente aparecía degollada, luego vino la sensación de que, mientras dormía, me observaban. No llegué a darme cuenta de que todo esto podía provenir de mi cama hasta que, una noche, me sucedió una cosa muy extraña... Me acosté, como siempre, pensando en lo que tenía pendiente para mañana. Estaba tan absorta en mis cosas que no me daba cuenta de que los boliches de mi cama temblaban, era lógico que esto ocurriera al tumbarme pero no cuando ya llevaba un rato acostada. Del susto, se me cortó la respiración, se me agudizó el oido y encendí la luz acelerada, ya no sonaba nada. Decidí volver a acurrucarme y no darle importancia pero, en lo que volvía a mis pensamientos, oía otra vez tintinear... ¿Por qué?, ¿si estaba totalmente inmóvil? Cuando me empeñaba en buscar su origen, el dichoso sonido cesaba. Como estaba empezando a inquietarme, pensé que lo mejor era quedarme quieta, totalmente relajada y concentrarme en averiguar qué era lo que tanto me asustaba. Fué entonces cuando descubrí en la penumbra de mi habitación que, efectivamente sin motivo alguno, las bolas de las cuatro esquinas de mi cama descaradamente temblaban. Salí horrorizada de mi cuarto y pasé la noche con mi hermano.
   A la mañana siguiente, me contaron que existe una leyenda sobre antigüedades que cuenta que los muebles viejos recuerdan su historia. Y que, en ocasiones, el espíritu de sus dueños y de los acontecimientos que han vivido les acompaña.
   Desde ese momento, para evitar que me pudiera ocurrir nada, envolvimos bien mi cama, la bajamos al sótano y compramos otra en el ikea, menos mona pero mas segura y barata.




miércoles, 22 de diciembre de 2010

Los gatos se lavan solos

  
   Hace tiempo, vimos en clase de Irune el vídeo de “The Potter”. En él se transmitían varios mensajes: que se puede conseguir lo que uno quiera a base de esfuerzo y perseverancia,  que es importante la paciencia y el cariño a la hora de enseñar a alguien a hacer algo y (esta creo que sólo fue una apreciación personal) que no todos los personajes aparentemente “feos” tienen que ser malos…
   Acabado el vídeo, Irune nos propuso hacer un escrito sobre algo que recordásemos que alguien nos hubiese enseñado. No había terminado de salir de la universidad cuando pensé: “¡No recuerdo que me hayan enseñado nada!“. Fui todo el trayecto en coche hasta casa (tardo entre 45 y 60 minutos) pensando en lo que, desde pequeña, había aprendido.  Es evidente que no soy tan lista como para saber todo lo que sé por cosecha propia, asique tenía que conseguir acordarme, por lo menos, de una cosa. Pasaron días, incluso semanas y, de vez en cuando, repasaba mi infancia… ¡nada!
  Un día,  observando la plácida siesta que “Tete” se estaba echando en el sofá, me acordé de cómo aprendí de pequeña que los gatos se lavan solos. Es algo muy simple (y quizá triste, porque no recuerdo nada mas) que no necesita de un proceso complejo de enseñanza, ni una paciencia extrema. Pero recuerdo que, para que aprendiera los animales y sus características, los adultos de mi familia dedicaron su tiempo y esfuerzo a pasar las tardes jugando conmigo a una especie de dominó. Y aunque no parezca un buen ejemplo de esfuerzo y perseverancia, por lo visto sí lo fue para aquellos mayores que acabaron hartos de sacar tiempo para mis partidas.