jueves, 30 de diciembre de 2010

Historia de un armario


  El texto de "Historia de un armario" habla de los cambios que se han realizado en la educación, de que el sistema sigue sin funcionar, y plantea la pregunta: ¿Qué es lo que queda por cambiar?
  Siempre se ha hablado del fracaso escolar y de la falta de didácticas para mejorar la calidad de la enseñanza pero, en realidad, esos cambios sí se han producido y seguimos debatiendo qué es lo que está fallando en el sistema.
  Quizá uno de los problemas se encuentra en los cambios políticos, con su particular organización educativa. Una posible solución podría ser que ambos, de forma objetiva, crearan un sistema en común donde los cambios se produjeran de acuerdo con los resultados.
  Probablemente podría deberse, también, a la mentalidad de que la escuela y la familia son organizaciones distintas, incluso enfrentadas. Para los profesores, a veces, los padres son unos inexpertos en educación; y para los padres, los profesores no entienden a sus hijos. Si ambos estuviesen mas unidos y se comprendiesen, a lo mejor, sería mas sencillo encontrar la forma de proporcionar a los niños una buena educación.
 Pienso que, en realidad, es muy difícil encontrar un problema concreto y una solución mágica que lo arregle todo, ya que, el sistema educativo, se encontrará con multitud de problemas a lo largo del tiempo debido a los cambios que se producen continuamente. Por ello, creo que lo mejor es tener la actitud de mejorar y adaptarse a lo nuevo, aprender de los errores y cambiar aquello que no esté bien hecho.

  

¿Quien soy?

   Nací en Springfield y mi pelo rubio alocado trajo de cabeza a todos y a todas. Mi primer nombre es Will, en honor a mi padre del que heredé unos labios carnosos y sexys. De joven fuí muy delgado pero, con los años, trabajé mi cuerpo y ahora dicen que estoy muy bien dotado. Mi carácter ligón me llevó a compartir con Gwineth Paltrow algo más que el color de los ojos. Sin embargo, fué Lara Croft la que me robó el corazón.


Mi cama

     Hace tiempo, mis padres se hicieron, con mucho cariño y dedicación, una casa.
    Decidieron que, aunque tardasen varios años, la decorarían con aquellas cosas que mas les gustaran, daba igual lo que costara. Para mi habitación, mi madre pensó que sería estupendo hacer un armario de madera y cristal, con visillos por detrás. Y que quedaría perfecta si comprásemos una cama de forja antigua y la consiguiésemos restaurar.
    Ahorraron unos meses, y un domingo nos levantamos temprano y fuimos, de cabeza, al rastro. Dimos muchas vueltas hasta que, por fin, dimos con la cama perfecta. A las pocas semanas la teníamos en casa y, en cuestión de días, ya le podía poner las sábanas. ¡Era preciosa! Tenía unos hierros muy altos y cuatro bolas doradas.
    Pasaron varios meses hasta que empecé a notar cosas raras. Al principio eran pesadillas donde la gente aparecía degollada, luego vino la sensación de que, mientras dormía, me observaban. No llegué a darme cuenta de que todo esto podía provenir de mi cama hasta que, una noche, me sucedió una cosa muy extraña... Me acosté, como siempre, pensando en lo que tenía pendiente para mañana. Estaba tan absorta en mis cosas que no me daba cuenta de que los boliches de mi cama temblaban, era lógico que esto ocurriera al tumbarme pero no cuando ya llevaba un rato acostada. Del susto, se me cortó la respiración, se me agudizó el oido y encendí la luz acelerada, ya no sonaba nada. Decidí volver a acurrucarme y no darle importancia pero, en lo que volvía a mis pensamientos, oía otra vez tintinear... ¿Por qué?, ¿si estaba totalmente inmóvil? Cuando me empeñaba en buscar su origen, el dichoso sonido cesaba. Como estaba empezando a inquietarme, pensé que lo mejor era quedarme quieta, totalmente relajada y concentrarme en averiguar qué era lo que tanto me asustaba. Fué entonces cuando descubrí en la penumbra de mi habitación que, efectivamente sin motivo alguno, las bolas de las cuatro esquinas de mi cama descaradamente temblaban. Salí horrorizada de mi cuarto y pasé la noche con mi hermano.
   A la mañana siguiente, me contaron que existe una leyenda sobre antigüedades que cuenta que los muebles viejos recuerdan su historia. Y que, en ocasiones, el espíritu de sus dueños y de los acontecimientos que han vivido les acompaña.
   Desde ese momento, para evitar que me pudiera ocurrir nada, envolvimos bien mi cama, la bajamos al sótano y compramos otra en el ikea, menos mona pero mas segura y barata.




miércoles, 22 de diciembre de 2010

Los gatos se lavan solos

  
   Hace tiempo, vimos en clase de Irune el vídeo de “The Potter”. En él se transmitían varios mensajes: que se puede conseguir lo que uno quiera a base de esfuerzo y perseverancia,  que es importante la paciencia y el cariño a la hora de enseñar a alguien a hacer algo y (esta creo que sólo fue una apreciación personal) que no todos los personajes aparentemente “feos” tienen que ser malos…
   Acabado el vídeo, Irune nos propuso hacer un escrito sobre algo que recordásemos que alguien nos hubiese enseñado. No había terminado de salir de la universidad cuando pensé: “¡No recuerdo que me hayan enseñado nada!“. Fui todo el trayecto en coche hasta casa (tardo entre 45 y 60 minutos) pensando en lo que, desde pequeña, había aprendido.  Es evidente que no soy tan lista como para saber todo lo que sé por cosecha propia, asique tenía que conseguir acordarme, por lo menos, de una cosa. Pasaron días, incluso semanas y, de vez en cuando, repasaba mi infancia… ¡nada!
  Un día,  observando la plácida siesta que “Tete” se estaba echando en el sofá, me acordé de cómo aprendí de pequeña que los gatos se lavan solos. Es algo muy simple (y quizá triste, porque no recuerdo nada mas) que no necesita de un proceso complejo de enseñanza, ni una paciencia extrema. Pero recuerdo que, para que aprendiera los animales y sus características, los adultos de mi familia dedicaron su tiempo y esfuerzo a pasar las tardes jugando conmigo a una especie de dominó. Y aunque no parezca un buen ejemplo de esfuerzo y perseverancia, por lo visto sí lo fue para aquellos mayores que acabaron hartos de sacar tiempo para mis partidas.

martes, 14 de diciembre de 2010

Leyenda sobre antigüedades

   Cuenta la leyenda que un noble de Castilla regaló a su hija para su decimosexto cumpleaños una majestuosa cama de la época medieval.
    La joven, de buena educación y cultivada a través de viajes por Europa, mostraba una gran fascinación por las antigüedades y su historia. Su mente adolescente le inundó de bellísimos e intrigantes relatos acerca de princesas y expléndidas damas, cuyas historias de amor podrían haber tenido lugar en asa cama.
   Pero al acostarse descubrió "que algo más" le acompañaba. Pasó la noche entre ruidos y tintineos que perturbaban continuamente sus sueños. A la mañana siguiente, contó a su padre lo sucedido y éste no le dió gran importancia, atribuyéndolo a la excesiva imaginación de la joven dama y obligándola a seguir durmiendo en su cama.
   La niña veía sangre, cuchillos y sentía como se asfixiaba hasta que una mañana amaneció degollada. No había signos de forcejeo pero su rostro y sus manos estaban completamente destrozados.
   Su padre, al comprobar que nadie había estado en el cuarto y debido al sentimiento de culpa, investigó la procedencia de aquella cama, descubriendo horrorizado que perteneció a la amante de un noble caballero que, al querer confesar su secreto, fué brutalmente asesinada.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Irune

   Irune es una persona positiva y alegre porque siempre está de buen humor y cuenta ciertas épocas de su vida sin melodramas. 
   Es extrovertida ya que manifiesta sus emociones y habla de cualquier tema con facilidad. Por sus gestos y su forma de hablar, es una persona cálida y cercana. No es conformista, no le gusta su trabajo y busca otras salidas.Trasmite bondad y es generosa, le dijeron que tenía alergia al polvo y regaló todos sus libros.
  Es una persona sensible porque llora con los libros, le gusta la naturaleza, el arte y los animales. Es creativa y defensora de las causas justas porque lleva camisetas con mensajes.
  Irune es responsable, no le gusta la velocidad y acató la decisión de sus padres con respecto a su futuro profesional.

¡¡No sé expresarme!!

   El otro día, no pude ir a clase (porque tenía que trabajar) y mis compañeras me contaron que hicieron un dictado de formas geométricas.
  Cuando me explicaron lo que tenía que hacer, me pareció muy divertido a la vez que sencillo. Resulta que tenía que describir un simple dibujo de formas geométricas a otra persona y ésta lo tenía dibujar sin hacer preguntas. ¡¡Ná..., poca cosa!!
   Cuando llegué a casa, llamé a mi novio para que viniese a estudiar (él aún sigue en la carrera) y me dispuse a hacerle el dictado. Confiaba en que iba a resultar algo fácil y que entre él y yo nos entenderíamos perfectamente, hasta que descubrí que hacer que otro dibuje exactamente lo que uno narra puede resultar muy frustrante.
  Al principio, a él le costó contenerse a la hora de hacer preguntas, resoplar o rascarse la cabeza de desesperación pero, una vez pasada esta fase, fui yo la que se quedó sin recursos. Se me olvidó completamente decirle la dirección que debería tener la hoja, un dato que trastocaría el resto del dibujo. A medida que describía el dictado, mi ansiedad iba aumentando... ¿Cómo me era imposible describir la distancia que veía entre dos rectángulos? Esa ansiedad llegó a tal grado que empecé a confundirme entre prismas y triángulos, llamaba cuadrado a lo que era un rectángulo, "eso" a los círculos y "lo anterior" a lo que ya había explicado...
     En mi mente, se tropezaban de forma aparatosa lo que se supone que eran recursos para expresarme y ninguno era el adecuado o decía lo suficiente. Asique mi boca se dedicaba a decir: “Eeeehhhh….., estoooo….., a veer…….”. A pesar de la situación, el pobre de mi novio supo mantener la compostura e intentar entenderme lo mejor posible.
    Llegué a pensar que la situación mejoraría cuando realizase el segundo dictado admitiendo preguntas pero, nada más lejos de la realidad, sí mejoraron las figuras, sí mejoró la comunicación (porque él podía hacer preguntas) y, por supuesto, el dibujo. Pero lo que no mejoró en absoluto fue la forma de expresarme. Ya podía darle la vuelta al dibujo, poner los dedos encima para medir distancias, buscar similitudes con el dictado anterior…que no paraba de pensar en que tenía que hallar la forma de explicar algo tan sencillo a alguien que no lo estaba viendo.
   En fin, la sensación fue buena al ver que el segundo dibujo se ajustaba a lo que describía pero no pude evitar pensar en que, cuando llega el momento, ¡¡NO SE EXPRESARME!!