miércoles, 22 de diciembre de 2010

Los gatos se lavan solos

  
   Hace tiempo, vimos en clase de Irune el vídeo de “The Potter”. En él se transmitían varios mensajes: que se puede conseguir lo que uno quiera a base de esfuerzo y perseverancia,  que es importante la paciencia y el cariño a la hora de enseñar a alguien a hacer algo y (esta creo que sólo fue una apreciación personal) que no todos los personajes aparentemente “feos” tienen que ser malos…
   Acabado el vídeo, Irune nos propuso hacer un escrito sobre algo que recordásemos que alguien nos hubiese enseñado. No había terminado de salir de la universidad cuando pensé: “¡No recuerdo que me hayan enseñado nada!“. Fui todo el trayecto en coche hasta casa (tardo entre 45 y 60 minutos) pensando en lo que, desde pequeña, había aprendido.  Es evidente que no soy tan lista como para saber todo lo que sé por cosecha propia, asique tenía que conseguir acordarme, por lo menos, de una cosa. Pasaron días, incluso semanas y, de vez en cuando, repasaba mi infancia… ¡nada!
  Un día,  observando la plácida siesta que “Tete” se estaba echando en el sofá, me acordé de cómo aprendí de pequeña que los gatos se lavan solos. Es algo muy simple (y quizá triste, porque no recuerdo nada mas) que no necesita de un proceso complejo de enseñanza, ni una paciencia extrema. Pero recuerdo que, para que aprendiera los animales y sus características, los adultos de mi familia dedicaron su tiempo y esfuerzo a pasar las tardes jugando conmigo a una especie de dominó. Y aunque no parezca un buen ejemplo de esfuerzo y perseverancia, por lo visto sí lo fue para aquellos mayores que acabaron hartos de sacar tiempo para mis partidas.

1 comentario: